Elisa Sánchez Barquero

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26
DIC
2018

El sexo, un motor de vida

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El sexo… ¿Qué aporta? ¿Qué significa en la experiencia humana? ¿Cómo lo cuidamos y enriquecemos?

Hoy sabemos que las relaciones sexuales sanas, más allá de mantener viva la especie humana, aportan grandes beneficios a la salud, ya que mejoran el estado emocional, el físico, el vínculo entre las personas, liberan estrés y nos llenan de endorfinas el cuerpo para que disfrutemos de bienestar. Tener una sexualidad consciente, con presencia, nos provee de un conocimiento intuitivo y experiencial de nuestro cuerpo, lo que mejora la experiencia de vivir en el cuerpo a todos los niveles, incluido el espiritual.

Venimos de un pasado reciente de gran condicionamiento familiar, social y religioso que ha teñido de conceptos limitantes al cuerpo y  la sexualidad. Hombres y mujeres hemos recibido una herencia que nos encorseta en moldes rígidos sobre como sentir, mirar, cuidar y disfrutar de nuestro cuerpo y nos aleja de la naturalidad y sensualidad que como niños inocentes, traíamos implícita. Por todo ello, el sexo aún está lleno de connotaciones negativas, tabúes, abusos y malos usos de los cuales no es siempre fácil salir porque forman parte de nuestros comportamientos heredados e inconscientes.

Nuestros cuerpos son sensuales y sexuales por naturaleza, están diseñados para el placer y si no lo estamos obteniendo ahora,  descartando las enfermedades específicas que dañan la sensibilidad, es porque anteponemos de manera más o menos consciente, las historias dolorosas, los patrones y comportamientos inadecuados heredados y las experiencias de fracaso, al sentir sano y vivificante de nuestro cuerpo.

El sexo es mucho más que un método de generar embriones, hablamos de un motor de vida que implica deseo, acción, juego, comunicación, creatividad, respeto, responsabilidad, sensibilidad, instinto,  compartir, intimidad y vulnerabilidad. Mueve nuestra fuerza, autoestima, poder y satisfacción. Y por supuesto está el reverso de todas ellas; insensibilidad, abuso de fuerza, de poder, insatisfacción, rudeza, pasividad, obligación…

Siempre es un buen momento para mejorar tu sexualidad, para reinventarla, porque con todos sus matices, va a enriquecer mucho tu experiencia vital. Cualquier tiempo que le dediques va a repercutir en tu satisfacción de manera inmediata.  Reclama ahora todo el potencial para el placer que reside en cada poro de tu piel y aprende a cultivarlo,  a disfrutar de ello, que cada encuentro que elijas tener, te deje un buen sabor de boca por la intimidad, la entrega y el erotismo que te aporte.

¿Cómo puedo hacerlo? aquí van unas sugerencias para todo tipo de relaciones…

Para la polaridad femenina: te invito a expresar a tu pareja, con delicadeza y claridad, tus necesidades, sugiriere con tus propias manos y cuerpo, el ritmo, la intensidad, el lugar y el movimiento que quieres en cada zona, sustituye la crítica por un enfoque en lo que deseas recibir, abre no solo tu sexo, sino también tu corazón para poder conectar con la esencia de tu pareja. También puedes actuar con diferentes roles, pasando de la diosa apasionada, la inocente jovencita o la bruja hechicera… que te permitan acoger tus momentos del ciclo menstrual y hormonal y los puedas ofrecer para enriquecer la relación.

Para la polaridad masculina: empieza por liberarte de cualquier objetivo específico para ese encuentro,  borra tiempos, zonas erógenas específicas, orgasmos determinados… y date la libertad de explorar con cada encuentro sexual que tengas. Puedes mirarla a los ojos, ponte al servicio del femenino y déjate inspirar por su inagotable creatividad. Usa respiraciones profundas que te hagan estar presente y entregado mientras juegas con los diferentes personajes que seducen al femenino. Un día la visitas como un amante refinado que con calma y deleite recorre todo su cuerpo y se detiene para gozar en cada rincón escondido… para convertirte en el siguiente encuentro en un amante cazador, fuerte, decidido, firme, que sabe poseer con presencia a su presa y la abre al disfrute y el éxtasis, y en otro momento ser el inexperto graduado que le gusta ser guiado por la mujer madura… todos ellos están ahí para enriquecer tu experiencia y la de tu pareja.

Seas de la polaridad que seas, no te olvides de las 3 claves para mantener tu energía circulando en todo momento de la relación: respiración que trae consciencia y presencia, movimiento que aporta fluidez y dinamismo, y expresión verbal del sentir (gemidos y jadeos) que permite abrir tu garganta y tu sexo y amplificar y distribuir tu placer por todo el cuerpo.

Pensad que cada respiración, cada jadeo, evoca el constante ir y venir de la vida. Cada movimiento, rescata del inconsciente colectivo la razón por la que estamos vivos y ese don sagrado, la vida misma. Así es que acércate al encuentro sexual con pasión, con deseo, con presencia y, por qué no, con reverencia, entrégate a ese momento eligiendo que no hay nada más importante que ese encuentro sexual para crear con la pareja una intimidad resplandeciente e infinita. Ama a través de tu cuerpo, aunque sea un encuentro esporádico porque practicar el ejercicio del amor impersonal es infinitamente enriquecedor y solo se puede hacer desde la honestidad total con un@ mism@, así resultará en un profundo aprendizaje de «quien soy», cuáles son mis metas, mis retos, mis sombras y mis luces.

Disfrutar de la vida es sinónimo de honrar ese regalo recibido, tú elijes cómo hacerlo,

¡Las posibilidades son infinitas!

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