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EL ORIGEN INVISIBLE DE LO QUE SIENTES

EL ORIGEN INVISIBLE DE LO QUE SIENTES

EL TRAUMA QUE NO SE VE

En psicoterapia vemos a menudo algo que puede resultar desconcertante: personas adultas que entienden perfectamente lo que les ocurre… pero aun así no logran cambiar cómo se sienten.

Saben que “no deberían†reaccionar así, que sus miedos no tienen sentido o que su tristeza aparece sin motivo claro. Y, sin embargo, el malestar sigue ahí.

¿Por qué pasa esto?

Una de las claves está en algo que ocurre muy al principio de la vida, mucho antes de que tengamos recuerdos: la relación con nuestras figuras de cuidado.

Cómo se construye nuestra forma de sentir

Durante los primeros años de vida, el bebé no puede regularse solo. No puede calmarse, organizar sus emociones ni entender lo que le pasa. Necesita que alguien lo haga por él.

Cuando un bebé llora y alguien lo acoge, lo calma, lo mira con atención, le transmite seguridad… su sistema nervioso va aprendiendo poco a poco a hacer eso mismo por sí solo.

Pero si ese entorno fue inestable —por ejemplo, con cuidadores ausentes, desbordados, intrusivos o emocionalmente poco disponibles— el bebé no recibe esa “enseñanza emocional†de forma suficiente.

Y aquí hay algo importante: esto no es una decisión ni una falta de voluntad. Es una construcción biológica.

Nuestro sistema nervioso se organiza en función de esas primeras experiencias.

No es que no sepas… es que tu sistema no aprendió

De adultos, esto puede traducirse en dificultades para gestionar emociones, relaciones o situaciones de estrés.

Aparecen cosas como:

  • ansiedad persistente

  • sensación de vacío o desconexión

  • dificultad para confiar en los demás

  • reacciones emocionales muy intensas o, al contrario, bloqueo

  • problemas para identificar lo que uno siente

Y muchas veces la persona piensa: “¿Qué me pasa? Si lo entiendo todo…â€

Aquí está la clave: no falta información. Falta una capacidad que se construye en relación.

No es que no quieras regularte mejor. Es que tu sistema nervioso no tuvo las condiciones para aprender cómo hacerlo.

El trauma que no siempre se ve

Cuando hablamos de trauma, solemos pensar en eventos concretos y extremos. Pero existe otro tipo de trauma más silencioso: el que se produce cuando, de forma repetida, no hay suficiente regulación emocional en la relación temprana.

No es lo que pasó una vez. Es lo que faltó muchas veces.

Esto puede dejar huellas profundas que aparecen años después, en la vida adulta, en forma de ansiedad, depresión, dificultades en las relaciones o incluso síntomas físicos.

¿Y entonces, se puede cambiar?

Sí. Y aquí es donde la psicoterapia cobra todo su sentido.

Si esas capacidades se construyeron (o no) en relación, también pueden desarrollarse en una nueva relación terapéutica.

No se trata solo de entender lo que te pasa, sino de vivir una experiencia diferente:

  • sentirte acompañado de forma estable

  • poder expresar lo que ocurre sin ser juzgado

  • ir aprendiendo, poco a poco, a regularte con ayuda

Con el tiempo, eso va creando nuevas formas de funcionamiento interno.

Podríamos decirlo así: el apego influye profundamente en cómo nos organizamos… pero no es un destino fijo.

La psicoterapia ofrece una segunda oportunidad de construcción.